La depresión postparto

Acabo de ver una película que me regresó unos cuantos años en el tiempo. La peli se llama Tully y básicamente trata del momento en que una mujer es mamá por tercera vez y cómo “sobrevive” a las primeras semanas de su bebé. Si tienen chance y ganas véanla. Vale la pena. Aborda temas importantes como la depresión post parto y otros tantos. Me dejó pensando mucho.

Primero que nada yo no tengo 3 hijos pero si dos. Así que empiezo diciendo que ¡el segundo embarazo apesta! ¿Porqué? Porque de entrada el ginecólogo te dice cuando confirma tu segundo embarazo:

Intenta no cargar mucho al niño (el primero).

¿Mande? ¿Cómo que intenta no cargarlo? ¡Tiene año y medio! Aún pasa cargado la mitad de su vida porque no aguanta caminar ni media cuadra.

¿Disfrutar el embarazo? ¡Mis… petacas! Creo que en total me sobe la barriga 10 veces v.s. las 8,727,832 que me la sobé en el primero. Me encantaba sobarme la panza. Pero al segundo embarazo ya no le disfrutas tanto, ya hay otro monstruo que depende de ti y que tiene más o menos el 98% de tu atención. 1% es para el marido y el otro 1% para el bebé nuevo incluida tu. Eso de: “descansa mientras puedas” ya ni siquiera aplica. Y encima échenle que ya sabes a lo que vas. Ya sabes la sufridera de no dormir, cólicos, amamantada y mil etcéteras más. Ya sabes también que cuando nace el bebé la mamá pasa a segundo plano porque todo mundo quiere estar con el bebé.

El embarazo pasa en medio segundo y de repente ¡PUM! Ya tienes 2, o 3 o… depende de cada quien.

Cuando nació #minispeedy, el primero de mis hijos, yo vivía en la misma ciudad que mi familia y la verdad tuve mucha ayuda, mucha compañía y dentro de todo creo que no la pasé mal. ¿Tuve depresión? No lo sé, honestamente no lo sé. Pero si recuerdo momentos en los que quería regresar al niño. Uno de ellos fue cuando su papá regresó a trabajar… me sentí tan abandonada. Pero agarramos rápido la rutina. La rutina para mi siempre ha sido un salvavidas.

Recuerdo también que cuando #minispeedy cumplió 5 meses regresé a trabajar y me sentí demasiado aliviada. Ya no quería estar en mi casa siempre con el, me urgía ver adultos y dejar de cambiar pañales y para ser sincera agradecí mucho cuando me di cuenta que se me había ido la leche, ya no iba a ser más una vaca lechera.

Algo que me ayudó muchísimo en ese entonces fue que dos amigas muy queridas fueron mamás prácticamente al mismo tiempo que yo así que siempre tuve con quien quejarme y que supieran lo que estaba pasando sin decir “Ay, no es tan horrible. Exageras.” Ellas entendían que si era horrible.

Miniplausi nació en el entonces D.F. de donde es mi familia y amigos pero vivíamos en Querétaro. Para cuando nació yo ya llevaba 3 semanas viviendo en casa de mi mamá porque mi doctor ya no me dejó andar en carretera. Así que ahí nos instalamos mi hijo, no barriga y yo y el pobre marido iba a trabajar de lunes a viernes y salía corriendo a vernos el fin de semana. No me quejo para nada. Mis papás siempre me consienten muchísimo pero uno se acostumbra a su casa, sus cosas, su espacio. Así que nació la princesa y en cuanto me quitaron los puntos de la cesárea una semana después regresé corriendo a mi casa pero estaba lejos.

Mi suegra se fue una semana conmigo, mi mamá se fue otra semana. Pero todo mundo tiene su vida y sus cosas que hacer así que para cuando #miniplausi cumplió un mes estaba yo sola todo el día con mis chilpallates. Lo positivo era que #minispeedy iba a la guardería así que al menos en las mañanas si podía descansar un rato de atender a dos. Aunque creo que hubiera preferido atender al grande que a la chica. Desde la panza supe que iba a ser, digamos diferente a lo que fue con el hermano.

Tampoco se decirles si realmente tuve una depresión post parto. Pero si fue difícil. Me costó pero pude hacerme rápido de una rutina que me ayudaba a ver la luz al final del túnel para la hora de acostarlos. Aunque me tuviera que levantar 3 horas después a amamantar.

La verdad soy una persona muy sociable, sobre todo porque estar sola me cuesta mucho trabajo. Así que iba a todos lados con mi chiquilla colgada de un fular con tal de no estar sola en mi casa. Trataba de salir mucho con las amigas que tenía en ese momento para aminorar la pesadez que a veces me llegaba.

El regreso a trabajar no llegó con ella y eso fue lo más difícil. Darme cuenta de que así iba a estar siempre (según yo en ese momento) me volvía loca. Me desesperaba muchísimo. Hubo un tiempo que me pesaba demasiado ser mamá de tiempo completo. Creo que esa fue mi depresión, ahora que lo pienso.

Después llegaron las clases de estimulación que eran dos veces a la semana en las que me sentía la mujer más realizada porque tenía que estar en algún lugar con más gente. Y eran todas mamás con niños y niñas de la edad de #miniplausi que pasaban por algunas cosas parecidas y encontré entonces mi tribu para desahogarme.

Y finalmente llegó el momento en que acepté que no podía más y decidí meterla a la guardería cuando cumplió 11 meses. Mi marido dice que me tarde porque desde los 6 meses me había dicho:

Ya llévala a Chiquitines porque te estás volviendo loca.

Si, la metí a la guardería aunque no trabajaba y tenía 5 horas para mí y ahí, ahí desapareció mi depresión. Bendita guardería. Bendito “me time”.

Viendo Tully me di cuenta de que las mamás la pasamos muy mal cuando nacen nuestros hijos y no hay nadie que entienda en ese momento lo que pasamos mas que nosotras mismas. Entendí que gracias a mis tribus sobreviví a estas “no depresiones” mías. Agradecí muchísimo toda la ayuda, consejos pedidos y no pedidos que tuve. Agradecí también por el marido que a su manera me ayudó a no perderme en mi misma. Agradecí por haber tiendo un trabajo que me ayudó a liberarme y también por no haber tenido un trabajo, lo que me obligó a probarme a mi misma que si podía.

Hoy les pido que compartan con sus amigas embarazadas sus verdaderas experiencias, las lindas y las no tan lindas porque nos tenemos que preparar. Les pido que visiten a sus amigas recién paridas y les laven los platos o la ropa o ustedes les preparen el café. Y les pido que no juzguen a las que por momentos quieren regresar a sus hijos, mejor quédense con ellos dos horas para que ellas puedan ir al salón de belleza o que se puedan bañar a gusto o hacer lo que les de la gana.

Y si ustedes recién son mamás por primera, segunda o quinceava vez hablen, hablen con alguien que las escuche, lloren si es necesario, griten y mienten madres. No se guarden las cosas, no permitan que sus pensamientos les jueguen una mala pasada.

Ser mamá es una bendición pero tenemos que encontrarle la forma y no es fácil.

Gracias por leer

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