La pérdida

Descubrí, apenas este año, que el día de mi cumpleaños se celebra el día internacional por muerte gestional y neonatal. La verdad no tenía idea. Y me hizo recordar mi propia pérdida. No es que la haya olvidado; solamente me la hizo presente.

Hace ya algunos años, un buen día decidí que quería ser mamá. Que ya había llegado mi momento. En aquel entonces estaba por cumplir 30 y mi TOC me decía que tenía que ser mamá a los 30.

Después de traumar al marido con mi deseo, porque él estaba bien feliz sin niños, lo hablamos y decidimos intentarlo.

Ibamos a cumplir 5 años de casados y nos la habíamos pasado bomba los dos solos.

Fuimos al médico y nos dijo que podíamos tardar entre 6 meses y año y medio en promedio sin tener que preocuparnos por temas de fertilidad.

Total nos hicimos a la idea de que el día que tuviera que llegar, llegaría.

Si no mal recuerdo eso debe haber sido por ahí de junio y para septiembre ya estaba yo embarazada. El marido no me creía cuando le dije.

-Pero si nos dijeron que nos íbamos a tardar mucho. – Pobre hombre, más traumas.

Pues muy felices empezamos a contarle a nuestros familiares y amigos cercanos. Bueno yo muy feliz y el señor muy traumado.

-Y ¿cuánto tienes?

-Pues 5 semanas.

-Uy, bien poquito. Deberías esperarte hasta las 12 para decir.

-¿Porqué?

-Pues que tal que algo pasa. Antes de las 12 semanas es cuando se sufren la mayoría de las pérdidas.

-Bueno pues que sea lo que tenga que ser. Además si algo pasa prefiero que ya sepan a tener que explicar doble.

Total llegó octubre y con él mi cumpleaños. El marido me llevó de viaje ese año. Fue sorpresa y yo bien emocionada y justo el día de mi cumpleaños decidí anunciar en todos lados, ósea Facebook que íbamos a ser papás.

Todo era felicidad. Bueno, casi todo porque moría con las nauseas.

Un sábado, me tocaba ir a consulta. Me acuerdo perfecto que ese día me levanté y no sentía nauseas. Hasta le dije al doctor. Y me dijo que era normal que algunas veces me sintiera diferente. Me tomaron muestras de sangre para unos análisis e intentaron escuchar el corazón del bebé con un dopler pero no se pudo.

-Aún está pequeño, son 9 semanas. Seguro a la próxima si se escucha. – Dijo el doctor.

Para quienes se lo están preguntando: No, no me realizaron un ultrasonido. Mi gine es de la vieja escuela. Y ojo, no le estoy diciendo viejo eh. (Por si me lee.)

Ese día fuimos a comer a casa de mis papás y yo me sentía rara. Pero claro, llevaba como 5 semanas sintiéndome rara, así que no era nuevo.

De pronto fui al baño y encontré un sangrado. Obvio se me terminaron de caer los calzones. No sabía ni que hacer. El corazón se me aceleró a mil, sentí un tremendo nudo en el estómago y las lágrimas se me empezaron a salir. Algo no estaba bien.

Salí del baño, le dije a mi marido y por supuesto a mis papás porque no podía ocultar mi preocupación.

Llamé a mi doctor y me dijo que me acostara y que estuviera tranquila. Que si aumentaba el sangrado o tenía dolor le llamara.

Me fui a mi casa, contra la voluntad sobre todo de mi papá y me acosté.

Ese día era la fiesta de cumpleaños de mi ahora compadre y tenía mil ganas de ir pero me disculpé y me fui a meter a mi camita.

No llevaba yo ni media hora acostada, cuando empecé a sentir unos cólicos horribles, así que llamé de nuevo a mi doctor que me pidió que me fuera al hospital en ese momento.

Mis papás pasaron por nosotros y nos fuimos volando.

Cuando llegué, me recibió una doctora, a la cual no conocía porque mi doctor aún no había llegado. Ella ya tenía los resultados de los análisis que me habían sacado en la mañana y me dijo que la concentración de hormona había disminuido drásticamente en comparación con el análisis anterior.

-Lo siento mucho. Ese bebé ya no está creciendo. Tenemos que prepararte para hacerte un legrado.

A partir de ese momento mis recuerdos están un poco borrosos. Recuerdo ver la cara de preocupación de mi marido mientras nos explicaban que iba a pasar y sentir un dolor bien profundo en mi corazón.

Me sentí más tranquila cuando ví llegar a mi doctor, hasta ahora no les había dicho, pero mi doctor es mi tío, y en ese momento ver su cara me tranquilizó, porque no hay nadie que me pueda cuidar más que él en este tipo de situaciones.

No se ni como llegué a mi casa, se que era de madrugada y que dormí mucho ese domingo.

Recuerdo que me tuvieron que convencer de que no fuera a trabajar el lunes porque yo me quería ir, no me quería quedar en mi casa. Y recuerdo que pensé: [que bueno que mi jefa sabía que estaba embarazada porque que difícil hubiera sido explicarle que estaba pero ya no y que no iba a ir al otro día].

Recibí llamadas y algunas visitas.

Lloré hasta que ya no tuve más que llorar y decidí, junto con mi marido que si algo había positivo de esa pérdida, es que nos había confirmado las inmensas ganas que teníamos de ser papás.

Mi doc me comentó que no había salido nada anormal en los análisis de patología y que en cuanto nosotros estuviéramos listos anímicamente podíamos buscar embarazarnos de nuevo. No nos dijo que esperáramos ni que tenía que pasar un tiempo ni nada. Así que decidimos intentarlo luego luego y creo que eso fue lo que nos ayudó a superar esa pérdida.

Todo este suceso fue un 24 de octubre y para diciembre #minispeedy ya venía en camino.

Hoy, que leí tantas historias y ví tantos posts recordando a esos angelitos que están en el cielo cuidándonos decidí contar esta historia por si a alguien le sirve mi experiencia.

Gracias por leer

LaPeorMamá

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