#LaPeorMamá La aventura de acampar

Ahora que estamos de vacaciones y nos venimos a la Gran Ciudad a visitar a la familia y amigos; mi prima nos invitó a su casa en Cuerna a pasar unos días.

Allá fuimos mis críos, mi madre y yo junto con ella y sus hijos. Tiene 2. Un niño y una niña de edades muy parecidas a las de mis hijos.

La verdad fue una gran idea, pues los niños se llevan super bien y juegan mucho. Y pues siempre que hay alberca de por medio los niños son felices. Al menos los míos lo son.

Y yo recuerdo la emoción tan inmensa que me daba de ir a cualquier lugar donde hubiera alberca. Eran horas y horas de remojo, hasta que los dedos de las manos y de los pies se hicieran pasitas sin comer porque entonces me dejaban afuera del agua 3 horas en lo que hacía la digestión.

Por cierto, mis hijos se meten a nadar en cuanto terminan de comer. Mi suegra llevaba a mi marido y a mis cuñados a clase de natación terminando de comer y a ninguno le dió el torzón. Así que de mi muestra de 4 individuos, el 100% sobrevivió a meterse a nadar terminando de comer y por lo tanto mi conclusión es: que se metan cuando quieran con tal de no escuchar 437 veces si ya pasó el tiempo.

Pero bueno, el punto de este texto no es convencer a nadie de que no se requiere esperar 3 horas después de comer para meterse a nadar. Yo más bien les quería contar otra cosa.

Estando en Cuerna, un día mi sobrino sacó una tienda de campaña. La armaron con ayuda de mi prima y se pusieron a jugar ahí adentro durante la tarde.

-Aquí nos vamos a dormir. – Dijeron los 4.

Yo yo dije para mis adentros. Si, como no. Ya parece que estos se van a quedar ahí.

Pues pasó el tiempo. Llegó la hora de cenar y lavarse los dientes. Y la hora de dormir, por cierto muy temprano porque mis sobrinos aunque sea la vacación se duermen temprano. Pero es que no importa a que hora se duerman a las 6 ya andan levantados así que temprano era y allá van los 4 chamacos a “dormirse” a la tienda de campaña.

#miniplausi y mi sobrina terminaron por abortar la misión por diversas razones tales como:

-Los niños nos están molestando.

-Los niños no nos dejan jugar.

-Los niños nos ven feo.

-Los niños no nos dejan dormir.

Ya saben, cosas de niñas.

Al final resultó que lo que realmente sucedía es que les daba un poco de miedo dormirse afuera sin su mamá. Yo, como dice la canción, “ya lo veía venir”.

Como para mi, aun era temprano cuando los chamacones se fueron a acostar, me senté en la sala a leer un rato y hacer algunas cosas que me faltaban de chamba. Muy dentro de mi, en realidad estaba esperando a que #minispeedy entrara diciendo que mejor se dormía adentro.

Cuando oscureció, dejamos de escuchar su plática y sus juegos. Nos fuimos a asomar y ¡sorpresa! Ya se habían quedado dormidos. Así que les di la bendición y me subí a acostar.

Ese día dormí fatal. Me desperté muchísimas veces pensando en todo lo que le podía pasar a mi retoñito.

¿Y si se despierta y no sabe donde está? A todos nos ha pasado que nos despertamos confundidos cuando estamos en un lugar desconocido.

¿Y si se despierta y quiere entrar a la casa pero le da demasiado miedo salirse de la casa de campaña para entrar a la casa?

¿Y si le dan ganas de hacer pipí pero le da miedo salir de la casa de campaña para ir al baño? ¡Se va a hacer pipí!

¿Y si se mete un animal?

¿Y si se los roban?

Pensé en muchas ocasiones salir a verlos pero luego pensaba que capaz que yo llegaba y los despertaba y los asustaba y ¿que necesidad?

Total nunca salí y pasé la noche acompañada de las patadas de #miniplausi y mis miedos sobre la aventura de #minispeedy.

A la mañana siguiente, cuando desperté, los niños ya estaban desayunando.

-¿Cómo dormiste mi vida?

-Muy bien ma.

-¿No te dio frio?

-No.

-¿No tuviste miedo?

-No, ¿porque iba a tener miedo? Estuvo super padre. Hoy nos vamos a dormir ahí otra vez.

Gracias a Dios esa noche llovió y durmieron adentro. Dos noches sin dormir ya no las aguanto.

Gracias por leer

LaPeorMamá

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