No me sueltan

No se si ustedes recuerden o sepan la razón por la que comencé a escribir. Si no lo saben o no lo recuerdan; la razón se llama #miniplauisi (mi hija menor hoy de casi 6 años).

Comencé porque la maternidad con ella me estaba volviendo loca. Sobre todo su apego conmigo, esa necesidad te estar conmigo todo el tiempo, cargada, porteada o como fuera. No podía yo desaparecer medio segundo porque la cosa se ponía terrible. Llanto, gritos y desesperación total.

Conforme el tiempo fue pasando fui entendiendo para que mi hija me necesitaba tan cerca y fui haciendo paz con el hecho de que necesitara dormir en mi cama.

La vida fue pasando, fuimos cambiando de necesidades. Llegó la guardería, después la escuela y cada vez se fue volviendo más independiente.

Casi logramos que durmiera en su cama pero la verdad es que se sigue pasando a mi cama 1 día si y los siguientes 6 también. Pero durante el día no existía problema si yo salía o si ella estaba en un lugar de la casa y yo en otra. Todo normal.

El hecho de estar encerrados juntos por meses, hizo que no nos despegáramos mucho aunque seguíamos siendo dos individuos independientes ella y yo. Hasta se iba los fines de semana a dormir a casa de los abuelos. Desde el viernes preparaba la maleta y todo.

Peeeeeeero, un día todo cambió.

Para fin de año salimos a San Miguel. El día que nos fuimos el señor de la casa y yo bajamos al estacionamiento a acomodar maletas y el titipuchal de cosas que llevábamos. Juro que le avisé a los dos retoños. Bajo a subir las maletas al coche y regreso.

¡Si mamá! – Me contestaron los dos a coro. Hoy que lo pienso contestaron por contestar mientras veían un video o algo así.

Tardamos quizá 15 minutos, máximo. Y cuando regresamos al departamento, me encontré a #miniplausi llorando como si le hubieran arrancado una pierna.

¿Estás bien? – Pensé que se había pegado, caído o algo.

¿Dónde estabas?

Bajé al estacionamiento para subir las maletas al coche. Te dije.

Pensé que ya te habías ido a San Miguel y me habías dejado.

Corazón. ¿Te asustaste?

¡Si! Porque me dejaste.

Entiendo que te asustaste pero yo nunca me voy a ir sin ti. Solo baje a acomodar las maletas.

Mientras atrás se escuchaba la voz del hermano:

Yo le dije que ahorita regresabas pero no me hizo caso.
Total, pasó. Se tranquilizó y nos fuimos todos juntos.

A la semana siguiente, fuimos a casa de mis papás y le dije:

¿Ya preparaste tu maleta para quedarte con los abuelos?

No me voy a quedar.

¿Y eso?

Es que no me quiero separar de ti.

Bueno pero te quedas hoy y mañana voy por ti, como siempre.

No. Ya no me quiero separar nunca más de ti. ¿Te acuerdas ese día que bajaste a poner las maletas y sentí que me habías dejado? Ya nunca quiero sentir eso.

¡PUM! Mi cabeza explotó un poco. ¡Ya traumé a mi hija!

Sobra decir que desde entonces es muy difícil separarme de ella. Hay drama hasta cuando salgo a dejar la basura y no se imaginan como fue retomar las clases en línea y que aceptara quedarse sola en su lugar estando yo a 15 metros de distancia, en la cocina.

Ahora me pregunto: ¿tardaré años otra vez en lograr que se sienta segura de que no la voy a dejar? Solo puedo pensar en la horrible tragedia que será el regresar a la escuela, cuando ese bendito día llegue pues ella dice:

Es mejor no regresar a la escuela. Tendría que separarme de ti.

Terrible, terrible mi caso.

Gracias por leer

#LaPeorMamá

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