Parece ser que para mi familia esto de la pandemia no es suficiente. Alguien parece pensar que necesitamos vivir aventuras extremas para ponerle un poco de sabor a la vida.

Igual y alguien me está ayudando para tener más temas sobre los cuales escribirles…

Así que esta vez vengo a contarles y a comunicarles que a esta mala madre se le acabó la vida en la Sultana del Norte. Como lo leen. C’est fini. Al señor de la casa le ofrecieron otro puesto y nos vamos de esta calurosísima ciudad.

¿A donde? Pues nos vamos, nada más y nada menos, que a la gran ciudad, a la capital, a la CDMX pues, antes llamado Distrito Federal.

¡Que padre! Dice todo mundo. Allá está tu familia, tu gente. Y si, en eso tienen razón. Pero no soy buena mintiendo y esto no es ningún secreto para nadie. Yo no quería regresar a vivir allá. ¿Por qué? Pues hay muchas razones. La principal: mi casa está en Querétaro.

Cuando el señor de la casa me contó del ofrecimiento que le hicieron, ambos asumimos que el cambio sería a Querétaro y la sorpresa nos dejó completamente fuera de base. Hoy se los escribo bien tranquila pero la verdad es que hasta gritos hubo, de mi parte claro esta. Él tan tranquilo y sereno como siempre me dijo:

Vamos a resolverlo juntos.

Yo siempre he sabido que regresar a la CDMX era una posibilidad, pero necia como soy siempre dije:

Si lo mandan a México yo me voy a vivir a Querétaro y que viaje los días que tenga que hacerlo.

Bien decidida la señora.

La realidad es que ya cuando se presentó la posibilidad, me entraron unos miedos terribles con respecto a este escenario.

Estar sola toda la semana con los niños, no vernos más que los fines de semana, el cambio tan radical que para todos eso representa es inmenso porque hasta ahora somos unos muéganos. Y así funcionamos muy bien.

Retar la dinámica familiar que hoy por hoy tenemos si me asustó, para que les digo que no.

Mi marido es un hombre bueno, muy generoso y considerado y estoy segura de que si yo me hubiera montado en mi macho, nos hubiéremos ido a vivir a Querétaro y el se rifaría la friega de ir y venir pero si me pidió que considerara la posibilidad de irnos todos juntos.

Odiaría perder lo que tenemos ahora. – Me dijo.

Y con esas palabras, cambió de parecer mi convencidísima cabeza.

CDMX será pues.

¿Qué dijeron los niños? Ufff que no dijeron.

Hicimos una pequeña reunión familiar a la hora de la comida para contarles lo que estaba sucediendo y cuando dijimos “nos vamos a vivir a México” se desató el drama.

Estuvimos a punto de perder a un miembro de la familia, quiero decirles. #miniplausi que ya es más regia que la carne asada, entre llanto e incredulidad terminó diciendo:

Pues yo no me voy. Yo me quedo aquí. – Como si esa fuera una posibilidad.

#minispeedy, bajó su mirada y tras derramar algunas lagrimas le dijo a su hermana:

Bueno, tienes que pensar que irnos a México es estar cerca de los abuelos y los primos.

Este hijo mío, sacó el positivismo de mi. Siempre, siempre encuentra lo positivo en las cosas incluso antes que yo. Lo admiro tanto.

Por supuesto que en los días siguientes hubieron muchas preguntas. Que si nos íbamos a llevar nuestras camas, que si los juguetes se iban con nosotros, que donde vamos a vivir, a que escuela vamos a ir.

La verdad, solo tengo respuesta para las primeras. Si, nos vamos a llevar nuestras cosas. Todas las demás están en incógnita. No tengo idea donde viviré ni a que escuela irán pero tengo la certeza de que estaremos todos juntos y cuando la familia está junta todo lo demás sale solo.

No se pierdan esta complicada historia de mudanza. He hecho muchas, este es mi 5to cambio de ciudad, ya prácticamente soy experta. PEEEERO, hoy tenemos a nuestro compadre COVID-19 así que las cosas se ponen sabrosas. Ya les contaré como va el asunto.

Gracias por leer

#LaPeorMamá