Ya hemos estado platicando de todos los cambios que el encierro ha generado en nuestra persona y nuestras rutinas. Escuela, trabajo, comida, limpieza, etc.

Hoy vengo a contarles de otro que se ha suscitado en mi persona: El sueño.

Desde que tengo memoria, mi mamá duerme siesta terminando de comer. Se va a su recámara y se duerme una media hora o 45 minutos, dependiendo del tiempo del cual disponga antes de su siguiente actividad. Ella dice que muchas veces ni se duerme. Ella dice…

Yo la verdad es que no fui de esa costumbre más que en la prepa. Pero pues es que uno adolescente duerme y duerme. Es parte de crecer dicen por ahí. En esa época llegaba de la escuela, hacía tarea y me dormía horas.

Al entrar a la universidad se terminó esa bonita costumbre porque mi horario siempre fue mixto así que ni tiempo. Aunque debo confesar que más de una vez me metí al coche a dormir un rato.

Después entré a trabajar y pues eso de la siesta, aunque se me antojaba mucho, no se podía. Siempre pensé que sería más productiva por las tardes si tomara una siesta, porque #maldelpuerco. Y para quienes no estén familiarizados con el término mal del puerco, es ese bajón de energía y sueño horrible que nos da después de comer porque nuestro cuerpo concentra su energía en la digestión.

Cuando me salí de trabajar y comencé a ser mamá / ama de casa /chofer y demás de tiempo completo tampoco tenía chance. Alguna que otra vez, mientras mis hijos hacían su siesta intentaba imitarlos pero pocas veces lo logré. Eso de obligarte a dormir porque otro está dormido nada más no fue algo que se me acomodó. Después ya no hubo oportunidad entre tantas ocupaciones.

No soy de siestas.

Ahora, tengo que aceptar que mis hábitos de sueño nocturno son fatales. Antes del encierro, me dormía a las 11 de la noche ahora me dan las 12 o la 1 viendo series, o leyendo, o nada más dando vueltas y en verdad me tengo que obligar a dormir.

He escuchado de muchas personas que están padeciendo insomnio en estas épocas. Y creo que no soy la excepción.

Se que debo levantarme a las 6:30 de la mañana para levantar niños y prepararlos para iniciar las clases y pues seguir la rutina, y cuando veo en el reloj que son las 12 me empieza a dar ansiedad de lo poco que voy a dormir, porque lo acepto, dormilona soy.

Si me duermo a las 12 y no tengo que levantarme a nada, me dan las 10 u 11 de la mañana dormida pero entre semana no puedo hacerlo. Esta maldita responsabilidad.

Por supuesto que durmiendo solo 5 o 6 horas, me levanto con mucho sueño y vivo cansada. Todo el día bostezo.

Pero un día, hace como una semana. Después de comer, me puse a leer y me quedé dormida. Ni cuenta me di. Desperté como 40 minutos después de un sueño súper profundo con toda la energía del mundo. En verdad me perdí.

Al día siguiente pensé: [Lo voy a volver a intentar. Igual y me puedo echar un sueñito.] Y ¿qué creen? Lo volví a hacer. Así que tomé una decisión. Dormir siesta todos los días. Si no puedo dormir todas mis horas en la noche ¿porqué no dormirlas en la tarde?

Mi vida ha cambiado. Al menos por el momento. Ahora estoy esperando con ansia terminar de comer para dormirme.

Si, lo se. No siempre se puede, pero ahora que estamos encerrados y que las tardes están un poco más tranquilas en casa sin tener que ir a clases de quien sabe que y hacer tareas y demás, me puedo dar el gustito.

Y ¿quién sabe? Quizá después del encierro pueda seguirlo haciendo. Todo es cuestión de organizarme. Si mi mamá pudo durante tantos años que nosotros estuvimos en la escuela y ella nos llevaba y nos traía, debe haber forma de lograrlo.

¿Qué hacen mis hijos mientras yo duermo siesta? No se, bueno si, ven tele o juegan con sus tabletas, se entretienen en algo. Y lo más importante, respetan mi sueño. Así que solo tuve que deshacerme de la culpa y asunto resuelto.

¿Porque nos da tanta culpa darnos algo a nosotras mismas, anteponiéndonos a las necesidades de nuestros hijos? En realidad, si nosotros estamos bien, estaremos bien para ellos.

Conclusión. Hoy entiendo más a mi madre y soy feliz durmiendo siesta.

Inténtenlo. ¡Les va a encantar!

Gracias por leer

#LaPeorMamá