Cómo en todos los hogares, al menos eso supongo, el tema clases en línea, reuniones virtuales y demás siguen a la orden del día. O ¿me equivoco?

Leo y escucho por todos lados pronósticos de cuando regresarán los niños a la escuela de forma presencial. Por supuesto con el semáforo verde pero ¿éste llegará en diciembre, febrero, cumpliremos un año fuera de la escuela o será el ciclo escolar completo?

Creo que a todos nos ocasiona algo de estrés y ansiedad esta incertidumbre cómo ha sido desde que empezamos a estar encerrados. Yo he tratado de dominar el nervio y hay días en que lo hago muy bien y otros no demasiado pero vamos sobreviviendo todos en la familia.

En estos días en los que mis hijos arrancaron la escuela a distancia me abordó una nueva y trágica idea:

¿Y si ya no conocemos a nadie nuevo en vivo?

Me voy a explicar.

Mis hijos cambiaron de escuela porque cambiamos de lugar de residencia y por lo tanto entraron a las clases a distancia y conocieron a sus maestras y nuevos compañeros vía internet.

Mi marido cambió de puesto y conoció a sus clientes por videollamada.

Yo no puedo conocer a las mamás de los compañeros de mis hijos más que vía chat. ¿Donde quedó el desayuno de arranque de cursos?

Mis cursos siguen siendo en línea, lo cual es padrísimo pero extraño conectar en vivo con mis alumnas.

El comentario entre adultos “Godinez” es que es muy probable que nada vuelva a ser como antes en las oficinas, que la gran mayoría seguirá haciendo “home office” siempre y cuando su puesto lo permita pues las compañías han encontrado que si se puede. Y además abarata muchísimo los costos.

Me parece maravilloso por muchas cosas pero, ¿en donde quedará la convivencia diaria? ¿Será que nos volvamos más ermitaños? ¿Que ya no conozcamos más gente de la que actualmente conocemos?

Lo más divertido de trabajar es la gente. Bueno eso creo yo.

En realidad lo más divertido en todo es la gente. En la escuela, en el trabajo, en la calle. ¿En donde están conociendo gente los solteros?

No. No no me tiro a la desgracia, se que en algún momento el encierro total se terminará pero creo que nada va a volver a ser lo mismo. Y la verdad me aterra un poco la idea.

Quizá estoy demasiado agobiada por el asunto. Y escuchar a los niños preguntar ¿cuando voy a poder ver a mis compañeros y a mis maestras de verdad? no ayuda a disminuir el agobio.

Tal vez dentro de un año vea este escrito y me ría de mi misma. Ojalá.

Lo que si se, es que nos está tocando vivir lo extraordinario, lo impensable; y que nos ha cambiado en mayor o menor medida a todos.

Solo nos queda enfrentar las cosas como vienen, tomar lo mejor de la situación y darle para adelante.

Espero de verdad que las cosas vuelvan a ser presenciales, sobre todo para los niños, porque en definitiva no es igual ver imágenes que personas de carne y hueso.

Pero quien sabe igual y algún día ellos le digan a sus hijos: “Cuando yo estaba chico, íbamos a la escuela”, y nuestros nietos se sorprendan.

¿Alguien más anda tan fatalista como yo?

Gracias por leer

#LaPeorMamá