¡Ey! ¿Cómo vamos? Día 18 en casa y contando. Lo bueno es que el viernes salimos de vacaciones.

¡Ay ríanse tantito!

Cuantas cosas he leído las pasadas semanas en las redes sociales sobre las maestras. Cosas positivas, cosas negativas y hasta mentadas.

He intentado, leer, digerir y después opinar. Hoy me siento preparada para expresar mi opinion sobre algunas cosas.

Lo primero que me viene a la cabeza es que nadie, absolutamente nadie estaba preparado para lo que hoy estamos viviendo. Ni en mis más locos sueños se me presentó la opción de que mis hijos se quedaran conmigo en casa por más de un mes, sin poder salir.

Las escuelas, no estaban preparadas para lo que está sucediendo tampoco, y es por eso que cada institución ha reaccionado de diferente forma y en diferentes tiempos. Cada una tiene diferentes recursos y formas.

¿A sus hijos les dan clases en línea? – Leo por ahí.

¿A sus hijos les mandaron guías? – Se lee por allá.

Ay, seguro la maestra de baquetona mientras yo enseñándole a mis hijos. – Leí en otro lugar.

¿Nos van a descontar lo proporcional de la colegiatura?- Leo incrédula.

No, no todos están haciendo lo mismo porque no somos iguales, porque nadie tenía idea de que hacer. Pero bueno.

Si hay algo que si me queda claro, es que las maestras no están en su casa gozando de la vida. Ellas, como nosotros están enfrentando momentos complicados. Y no, no puedo hablar por todas pero me parece de lo más injusto que juzguemos desde nuestra frustración.

Creo firmemente que la mejor forma de sobrevivir a lo que está sucediendo es la empatía.

Tengo la fortuna de tener algunas amigas que son maestras. La mayoría, también es mamá. Hoy me voy a permitir, con su permiso por supuesto, contar la experiencia de una de ellas. Maestra de secundaria, con hijos en pre escolar.

Durante una reunión virtual de enorme desahogo entre amigas nos contaba:

Arranco clases a las 8 a.m. y termino a las 2 de la tarde. No es seguido pero tengo grupos en diferentes horarios.

Tengo que estar conectada todo el tiempo para resolver dudas. Fue un requisito que nos puso el colegio.

Les explico a los chavos el tema y les dejo una actividad a realizar durante el día, la cual deben enviarme antes de que termine el día. Diariamente tengo que revisar 102 ejercicios.

Mientras estoy conectada con ellos realmente no tengo chance de mucho. Ni de hacer comida, ni de limpiar y mucho menos de estar ayudándoles a mis hijos con sus trabajos. Así que los pobres están toda la mañana medio solos medio conmigo. Medio tratando de trabajar y aprender.

Terminando la chamba de la escuela tengo que aventarme la chamba de la casa y la de los hijos. Comer, lavar, limpiar, etc. y cuando me doy cuenta ya es hora de cenar y por supuesto no he revisado ningún trabajo de mis alumnos.

Estoy cansadísima y bien atrasada con lo que tengo que revisar pero no me da tiempo.

Nos contó esto mi amiga que apenas logró conectarse a nuestra reunión y estaba a punto de quedarse dormida. Y no porque seamos aburridas, la verdad somos la onda, sino porque está agotada de las dos semanas que lleva con este ritmo nuevo de trabajo.

Me consta que le encanta enseñar y que ama a sus hijos. Pero entiendo perfecto que esto que está sucediendo, la sobre pasa de muchas formas. Ella, tampoco estaba preparado para esto.

¿A donde voy con todo esto?

Me siento profundamente agradecida con las maestras y maestros de mis hijos que están al pie del cañon contestando correos, mandando materiales y atentas a cualquier cosa que se nos pueda ofrecer a las mamás que, en definitiva, no sabemos darle clases a nuestros hijos.

Mi más profunda admiración a quienes tienen la vocación de enseñar, tanto a niños pequeños como adolescentes y jóvenes. Aún no me explico como su paciencia da para más de 2 (que son los que yo tengo).

Hoy valoro muchísimo más el trabajo que hacen con mis hijos y lo agradezco infinitamente. Gracias a ustedes, no se nos ha hecho tan pesado trabajar y estudiar en casa. Sin quitar el mérito que como familia tenemos también.

Por favor, antes de juzgar, pongámonos en sus zapatos. Antes de pedir dejar de pagar, pensemos en quienes dan su tiempo y conocimiento a nuestros más grandes tesoros. Seamos agradecidos y, en la manera de lo posible solidarios y considerados.

Esto que está sucediendo nos da la oportunidad de aprender y reinventarnos.

Quizá sea yo demasiado idealista pero creo que hay mucho más positivo que negativo en todo esto. (Pregúntenme de nuevo en un mal día.)

Ánimo para todos y todas. Podemos con todo si nos lo proponemos.

Gracias por leer

#LaPeorMamá